
Vaya por delante que lo considero uno de los mejores escritores vivos, uno de los últimos premios Nobel más acertados (también Coetzee y Naipaul) de la de por sí caprichosa academia sueca. Terminé de leer hace un par de días Las intermitencias de la muerte, regalo de mi hermana, que a fuerza de echarme una mano para ordenar mi biblioteca (voluntariamente, ¡ojo!, que nadie me acuse de explotador de hermanas), va conociendo mis gustos. Las intermitencias de la muerte mantiene las características más propias de la obra de Saramago. Parte, como Ensayo sobre la cerega, o El hombre duplicado de una anomalía, de un hecho en apariencia nimio, que desencadenará toda la trama. El primero de enero de un año que no se precisa, en un país que bien pudiera ser España, no muere nadie. Tampoco los días sucesivos. Con este punto de partida, que se resume en media línea, Saramago arranca un relato en el que la paciencia de alfarero a la que nos tiene acostumbrados se demora reflexivamente en cada hecho, enhebra una frase con la siguiente, la voz de un personaje con la de uno de sus interlocutores, en esos párrafos larguísimos tan suyos. Y esto le permite construir una crítica lúcida de temas tan variados como el papel de la Iglesia en nuestra sociedad (hay páginas de antología), el trato a los ancianos, o el futuro rumbo de la economía... Una novela redonda, en definitiva.
Raquel18

Hola javi!, me he hecho una bitácora de estas, aunque es muy cutre, pero la iré mejorando, y así tengo un amigo(bueno, si quieres), que si no es muy triste, jeje. Y por cierto a ver si actualizas que te estás descuidando
. un besito